Es un hecho que no sucede frecuentemente, pero hay antecedentes reales: una persona hace su apuesta en una tragamonedas, aprieta el botón, los cilindros giran… ¡y gana el jackpot! Pero el casino se niega a pagar el premio, aduciendo mal funcionamiento de la tragaperras en cuestión. Casos como este se han registrado en sitios tan lejanos entre sí como Estados Unidos o Argentina.